
El Doctor Edward Bach, fue médico y luego homeópata, siempre buscando sanar desde el origen de la enfermedad. Cuando lo desahuciaron dejo todo para irse a la campiña inglesa y es ahí cuando descubre las flores en su aspecto curativo.
Hay dos teorías, una habla de que él iba caminando y se tomó la gota de rocío que había en una flor, y sintió un efecto en él. La otra teoría es sobre la observación del comportamiento de las plantas, como por ejemplo la flor Water Violet, es una especie acuática que cuando otra planta se le acerca, sacas sus raíces del agua y se cambia de lugar.
También, Edward Bach creo cinco principios filosóficos, acá el quinto, que engloba gran parte de su pensamiento, el que sustenta la terapia Floral.
«…el Creador de todas las cosas es Amor, y todo aquello de lo que tenemos conciencia es en su infinito número de formas una manifestación de ese amor, ya sea un planeta o un guijarro, una estrella o una gota de roció, un hombre o la forma de vida más inferior.
Podemos darnos una idea de esta concepción pensando en nuestro creador como en un sol de Amor, benéfico y resplandeciente y de cuyo centro irradian infinitos rayos en todas las direcciones, y que nosotros y todos aquellos de los que tenemos conciencia, son partículas que se encuentran al final de esos rayos, enviadas para lograr experiencias y conocimientos, pero que en última instancia han de retornar al gran centro.
Y aunque a nosotros, cada rayo nos parezca aparte y distinto, forma en realidad parte del gran Sol central.
La separación es imposible, pues en cuanto se corta un rayo de su fuente, deja de existir. Así podemos entender un poco la imposibilidad de separación, pues, aunque cada rayo pueda tener su individualidad, forma parte sin embargo del gran poder creativo central.
Así cualquier acción contra nosotros mismo o contra otros afecta la totalidad, pues al causar una imperfección en una parte, esta se refleja en el todo, cuyas partículas habrá de alcanzar la perfección en última instancia»


